Ojeando una revista científica de esas tan serias que habitualmente leo y justo al lado de un reportaje sobre cómo limpiar las impurezas del cutis tras el verano, me encuentro un artículo que me llama la atención sobre la independencia y el amor. Me interesa y me quedo. Qué cosas, ahora resulta que le han puesto nombre a lo mío. Me informo de que formo parte de una nueva tendencia en el mundo de la pareja, cada vez más en el alza, que se denomina “LAT”. No sé si debo decir que soy una LAT o que formo parte de una LAT, pero el caso es que me siento identificada con ello, que pertenezco a ese club. LAT son las siglas de Living Apart Together, la forma anglosajona de decir nuestro más castizo “Juntos pero no revueltos”. Es decir, las LAT son parejas que deciden no compartir nada más allá de buenos ratos. No viven juntos, no comparten hipoteca, ni recibos, ni hijos, ni parientes... No tienen proyecto común de futuro ni quieren tenerlo. No quieren renunciar a su independencia aunque eso no significa que no se quieran. Quiere decir que no existen entre ellos más vínculos que los emocionales y la convivencia, concebida en su forma tradicional, no entra en sus planes. No se trata de algo transitorio. No queráis apuntaros a esta filosofía de vida tan molona si resulta que por motivos de trabajo tu chico está en Tineo y tú en Jaraíz de la Vera. Eso no vale. Tiene que ser una decisión elegida, no motivada por las circunstancias.
El perfil de la mujer LAT está bien claro. Dicen lo sociólogos que andan estudiando el tema que “Se trata de una mujer madura, que ha tenido otras relaciones anteriores, normalmente con alguna carga familiar, que trabaja o que tiene independencia económica”. Aquí levanto la mano entusiasmada y digo “¡Servidora!”. Debo aclarar algo. No es que yo no crea en el matrimonio ni en el “Hasta que la muerte nos separe”, es que creo que no es para mí. Lo intenté y fracasé. Debe pasarme como a Joaquín Sabina que dice que él “no da bien de marido”. Pues eso, yo no doy bien de casada. No sé por qué y no me paro mucho a pensarlo, pero la vida que llevo ahora me gusta mucho más que la que he llevado antes. Antes tenía una visión mucho más tradicional de la pareja, sí, pero nunca dije que yo fuera coherente. Ahora pienso que lo mío es mío, lo tuyo es tuyo y cada uno con sus hijos, sus familias, sus asuntos y sobre todo sus manías. Veo a mi “simpatizante” dos o tres veces por semana, lo justo para llegar a echarle un poquitín de menos y así nunca me canso. Hacemos viajes, tenemos citas, cenamos en sitios estupendos, nos reímos, hablamos muchísimo (los que nos conocen están pensando “mucho, mucho”) y nos lo pasamos pipa. Discutimos poco (o nada) y si uno de los dos tiene el día malo y no está de humor, se va para su casa y no le amarga la tarde a nadie. Otra cosa a destacar de las parejas LAT es que, al no caer en la monotonía, las relaciones sexuales son mejores. De eso no voy a comentar nada, que este blog lo leen mis padres y les respeto mucho, pero sí diré que no compartir humores corporales, rutinas mañaneras y pedos ayuda a mantener el encanto. Y eso es algo muy recomendable siempre.
Sé que algunos de mis amigos no entienden este tipo de relación y también sé que muchos me envidian profundamente. Curiosamente, los segundos son las más veteranos, los que más años de convivencia llevan con sus parejas. Los que no lo entienden están recién casados o llevan poco tiempo conviviendo. Ya caerán del guindo, ya.
Una cosa importante. Para que el proyecto LAT funcione tienen que ponerse las cartas encima de la mesa desde el principio y tiene que haber un entendimiento mutuo. Las dos partes tienen que estar completamente de acuerdo y caminar en la misma vía. Si yo quiero mantener mi independencia a toda costa y tú quieres formar una familia, tener hijitos y comprar un adosado con jardín en el extrarradio, esto va a petar. Cruje y chirría por todas partes. Uno de los dos sufrirá fijo. O ambos.
Pues esa es la transgresora filosofía de los LAT y la mía propia. No se parece mucho a lo que Rocío expuso en su último post ¿verdad?. Con este discurso que me he marcado no pretendo pontificar. Yo soy LAT, me gusta y lo recomiendo, pero cada uno es muy libre de opinar lo que quiera. El debate está servido.
Sandra, ¿tú qué dices?
ROSA

