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martes, 17 de diciembre de 2013

MOMENTO IDIOTA

¡Si oh!. Todos hemos sufrido en nuestras "cannes" momentos en los que hacemos cosas ridículas, inexplicables, alejadas de cualquier justificación racional, y por extraño que parezca son más frecuentes de lo que pensamos. "ME LLAMO ROCÍO .... Y SUFRO MOMENTOS IDIOTAS". "¡Te queremos Rocío!".. 

Por ejemplo, quién no mete algo en el microondas y se queda mirando al interior como la bandeja va dando vueltas. ¿Pensamos a caso que un enanito con un traje ignífugo va a salir a cocinar nuestra lasaña congelada o a revolvernos el café mientras gira la bandeja lentamente?. 

Seguramente os haya pasado alguna vez que cuando vamos caminando por la calle y nos retorcemos el pie, acto seguido miramos hacia atrás, hacia el suelo, y nos quejamos como si algo en nuestro camino se hubiera interpuesto para hacer que nos cayéramos o tropezáramos.¡ Que nooo! Que eres una patosa y te pasó por patosa. O llevas unos tacones muy altos que no sabes manejar. En el suelo no hay nada, te lo retorciste por patosaaaaa.

¿POR QUÉ NO TE CAIGAS?
¿Por qué cuando hablamos por el móvil hacemos cosas raras? Desde hablar muy alto hasta empezar a pasear por toda la casa como si alguien nos estuviera persiguiendo. Yo siempre digo que cuando más ejercicio hago es cuando me llaman al móvil y estoy en casa. Empiezo a caminar por todos los rincones de la vivienda mientras hablo como alma que lleva el diablo. 

¿Por qué cuando no funciona un aparato electrodoméstico acto seguido empezamos a darle golpes para que reaccione como si estuviésemos locos?. Una vez te daría buen resultado, pero no es el método más apropiado para arreglar un cacharro. De hecho tenemos mucha manía cuando el mando de la televisión no funciona empezamos a apretar los botones con una intensidad de locos que no hace que las cosas vayan mejor. ¿Habéis probado a cambiar las pilas?













Y qué me decís cuando vemos una secuela de la película de " El señor de los anillos"  y salimos del cine hablando como si fuésemos Chiquito de la Calzada, tal que así: "Condemor" "Voy a hacer un pis al Rivendel", "¿ Tienes cleenex en el Frodo bolsórr?", "Morzor" (no os transcribo muchas de las palabras porque este es un blog muy fino). Yo cada vez que veo una de estas pelis a mi me cambia completamente la forma de hablar. ¿Me gondor o no me gondor?. Ésto sólo lo entenderán los frikis que sigan la saga del Señor de los Anillos.


Siempre me he preguntado ¿por qué cuando llueve y salimos sin paraguas agachamos la cabeza? Me parece algo muy tonto porque el realidad nos mojamos igual. O sea, que empezar a poneros erguidos y ya que nos vamos a calar hasta la médula, disfrutar de la sensación tan buena como es la de mojarse bajo el agua. 

Cuando estamos en casa sin hacer nada y aburridos, solo se nos ocurre mirar la nevera cada poco y comer. ¿Acaso el aburrimiento está asociado a la necesidad de comer?. El hecho de meternos algo en la boca amaina nuestro estado de catalepsia?

Cuando por desgracias de la vida ves tu coche rayado, porque algún alma poco caritativa te ha dibujado una rayita muy mona y en el peor de los casos un muñecote, y tú hazto seguido, después del correspondiente susto, mojas tu dedito para ver si se quita con la saliva.... ¿No ves que lo que te han hecho es para fastidiarte no para un susto momentáneo? Pero no me seas ingenuo....

¿Por qué cuando nos sonamos los mocos miramos acto seguido el pañuelo? ¿Pensamos ver algo que no sea una sustancia verde y pegajosa?. Estamos haciendo un estudio de los mocos más originales que hemos tenido en nuestra vida. Y lo peor de todo, es que a veces cerramos el pañuelo y lo volvemos a abrir para ver cual es la reacción de la flema. Lo siento si estáis comiendo.

Y esta última que leí hace unos días.. Mirad al techo... ¿A qué habéis abierto la boca? 

ROCIO

martes, 1 de octubre de 2013

DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE TORPEZA

            Creo que no es la primera vez que menciono en este blog que soy muy torpe. No torpe como se entiende en Extremadura por torpe, pues no soy poco inteligente (ni mucho), sino que me falta habilidad, destreza, maña... Que soy una manazas, vaya. Tengo “manos de mantequilla” o como alguna vez me han dicho en el trabajo, tengo las manos que parecen los pies de otro. Todo se me cae, en todo tropiezo y con todo me choco. Soy una calamidad. Cuando Dios repartió habilidad yo había ido a ponerme las mechas, está claro. Si a eso le añadimos que soy bastante despistada, la tragedia está asegurada. Me pongo a hacer gazpacho y vierto la mitad del agua, me corto al pelar el pepino, un kilo de tomates rueda por el suelo de la cocina y me mancho toda la camiseta. El gazpacho me sale riquísimo pero pago un alto precio. Es harto improbable que yo cocine algo sin tener que fregar después un montón para arreglar el desaguisado. Por cierto, no se os ocurra sacar la batidora del recipiente sin aseguraros de que ha dejado de girar. No voy a entrar en detalles, pero desaconsejo esta práctica. 

            Yo sé que la gente “hábil” se desespera con nosotros “los torpes” y me parece muy injusto. ¿No os dais cuenta de que no lo hacemos a propósito? No quiero frivolizar pero es una especie de pequeña minusvalía, una incapacidad que sufrimos, y con esas cosas hay que tener paciencia. Los que me conocen bien y saben de mis limitaciones intentan ponérmelo fácil. “Rosa, tú lleva los vasos a la mesa, pero llévalos de dos en dos ¿eh, bonita?”. “Mecagüenelsarcasmoylaironía”, voy diciendo entre dientes mientras hago viajes y viajes de la cocina al comedor y del comedor a la cocina. Después les veo a ellos transportar pilas de platos como si tal cosa, me vengo arriba y pienso “Oye, pues yo también puedo”. Balance final: tres copas rotas. Me da una rabia... pero qué le voy a hacer, es mi idiosincrasia.


            Ayer metí en el microondas una taza con una bolsita de manzanilla. Así, sin más. Se me olvidó echarle el agua. Ni que decir tiene que también desaconsejo esta práctica. La taza hubo que tirarla, el microondas se ha quedado con un sospechoso color beige (pensé que tenía que tirarlo también) y el olor a chamusquina tardará muchísimo en irse. La lié parda.

Si es que soy más lista que los ratones coloraos.


ROSA

miércoles, 26 de junio de 2013

PASTEL DE BONITO

   O también podemos decir, qué bonito es este pastel. Una receta fácil donde las haya. Tan sólo tienes que tener todos los productos a mano, un molde (a ser posible de silicona) y un microondas y ya tenemos la receta hecha.  Conozco a gente que no usa microondas, sin ir más lejos mi npm nunca había tenido ese aparato en casa, cosa que me extrañó por lo moderno que es él, pero gracias a mi, lo introduje en su vida, aunque le hace el mismo caso que a la sartén, a la pota, y a todo el arsenal de cazuelas... en fin, vayamos con la receta.
   Ingredientes: 3 latas de bonito en aceite de oliva (vale atún)
                       3 pimientos de piquillo
                       3 huevos
                       250 gr de palitos de surimi (o sucedáneo de cangrejo)
                       250 ml de nata para cocinar
                       sal/ pimienta/ mayonesa para acompañar

  

(LOS HUEVOS SON CASEROS, DE MI AMIGA ISA, BUENO DE SUS GALLINAS)


Con una batidora se mezclan primero los huevos con la nata. Posteriormente se añade troceado los demás ingredientes y se trituran al gusto. Se salpimenta y se coloca la preparación en un molde que sirva para el microondas.

QUE BONITA PANORÁMICA


YA VA COGIENDO FORMA


   El molde se mete en el microondas tapado, a falta de tapa con papel film. Se mete a calentar unos 10 minutos a 750 o 800 vatios de potencia. Una vez que esté bien cuajado (yo le meto la punta de un cuchillo y hasta que no salga limpia no lo dejo de calentar), se saca del microondas, se deja enfriar y luego se desmolda. Yo lo suelo decorar con mayonesa y hojas de lechuga.
TOMAAAAA!!



   Me parece una receta muy socorrida para cuando tienes invitados. Porque se hace en quince minutos, y tienes para untar un montón de panecitos. E incluso puedes engañar a tus invitados diciendo que es pastel de cabracho. Se lo creerán porque tiene un sabor parecido. A mis amigos os diré que si habéis comido en mi casa pastel de cabracho, ERA PASTEL DE CABRACHO, vale? Pues nada más, a comeeeerrr!!!!

ROCIO