miércoles, 18 de septiembre de 2013

FENÓMENOS PARA-NORMALES

   Pues si hombre sí, que a veces me pasan cosas que no puedo  controlar o entender, y trato de buscar una explicación lógica sin ningún resultado satisfactorio. Seguramente me da pereza investigar sobre por qué me pasan ciertas cosas, porque tal vez prefiera vivir en la ignorancia y pensar que me suceden porque soy distinta, especial...vamos una gualtrapa.

   Os voy a comentar algunos de estos sucesos con ánimo de encontrar a  alguien que tenga   las mismas experiencias que yo, y así saber que no estoy sola en este mundo y encontrar consuelo en alguna persona.

   Por ejemplo, un 90% de las veces que cojo mi moto y la aparco, aparece con los espejos retrovisores movidos, concretamente el izquierdo. Pero no movidos parcialmente, sino exageradamente movidos, muy hacia dentro. No sé a que se debe. He pensado que es  la gente que cuando pasa al lado de mi  moto, para cruzar, me mueve el espejo... pero ¿siempre ocurre donde está mi moto? ¿que pasa cuando la aparco en las piscinas de Moreda (Gijón) que no pasa ni el "tato" y también la encuentro con los retrovisores movidos?.  Luego pensé que igual es alguien al que no le caigo muy bien, que cuando dejo la moto sola va y zas! me mueve el retrovisor. .. ¿pero me va a seguir alguien a todos los sitios? ¿Gijón es pequeño pero tanto como para que una persona pueda ubicarse siempre al lado de mi moto?. Tal vez es el color de la misma que llama la atención y de pura envidia me retuercen el espejo...
¿VEIS? ME HA VUELTO A PASAR...

    ¿Por qué cuando voy a la peluquería para hacerme un cambio de look salgo siempre igual que estaba? Tal vez porque leo muchas revistas de moda y creo firmemente en los cambios de imagen, tal vez porque el peluquero que me atiende es el mismo  que me retuerce el espejo de la moto o tal vez  me creo demasiadas expectativas cuando lo único que tengo es un pelo lacio y negro que me da muy poco juego. Pero,¿por qué a la demás gente le noto que ha ido a la peluquería? ¿Por qué admiro más el pelo de las otras que el mío propio?
¿POR QUÉ ELLA SÍ Y YO NO...?



    ¿Por qué cuando hago la colada y lavo varios calcetines, cuando tiendo la ropa siempre me falta un calcetín de una pareja? No entiendo que es lo me puede suceder, si nadie tiene acceso a mi lavadora aparte de mí...( otros también pero ni se acercan ). Pienso que algún espíritu maligno se encuentra en el interior de mi washer machine (me gusta como suena en inglés...dos gardenias para ti...lo digo por  lo de machine), y me roba un calcentín a su antojo. Seguramente se trata de un espíritu hippie (porque nunca se lleva dos calcetos iguales), y un espíritu impoluto (porque siempre espera a que el calcetín esté bien lavado). Y otra cosa que me pasa con la lavadora: a veces las camisetas de mi chico salen con un cachito roto, minúsculo, como si alguien le hubiera quemado la camiseta. Ésto igual tiene explicación, él me dice que es por las varillas de mis sujetadores. Qué manía con echar la culpa a alguien, si  no uso varillas porque las tengo muy bien colocadas! El problema lo tengo yo por no haberle mencionado la existencia de Chucu Chucu Chucu  el espíritu de la washer machine.
¿TENDRÁ HUEVOS A LLEVARSE ESTOS?

   Me paso todo el día "gestionando", que es como  le llamo  yo al trabajo de campo que realizo día sí día también. Y soy experta en colas (en las de esperar...es que sois....), y puedo afirmar categóricamente que siempre me toca delante el "pesao de turno". Sí tú, el que me está leyendo, que el otro día me tuviste en la Seguridad Social  tres horas de pie para pedir información sobre la vida laboral, cuando todo el mundo sabe que lo debes hacer por teléfono. ¿Pero es que ésto sólo me pasa a mi?. ¿ Por qué siempre tengo delante a la típica señora que no se entera de nada o al típico señor cascarrabias que no sale de la cola hasta que le atienda el director general?. Ayer mismamente en correos las tres ventanillas que estaban abiertas había tres personas indistintamente en cada una de ellas, y yo esperando. En una, una hombre con un paquete enorme (paquete postal.. ¿otra vez? si es que sois de un mal pensao...), en otra  un chavalete con un saco de cartas y en la última una señora empaquetando una caja con embutidos seguramente para la niña que vive en Londres y que hace tiempo que no ve chorizo por ninguna parte. Y yo esperando...
¿ME VEIS? AHÍ AHÍ ... DE LAS ÚLTIMAS...

   En mi mesa de trabajo tengo dos botes de material escolar. Pues bien, nunca encuentro lo que busco. Me pasa sobre todo con los bolis. Tendré alrededor de veinte bolis. Cuando organicé los botes todos escribían, ahora no me escribe ninguno. Y lo peor de todo es cuando busco el boli azul, muy cotizado en mi profesión para que las firmas sean originales y que no parezca fotocopias, pues me harto de comprar bolis azules, y ¡siempre desaparecen!. ¿Dónde están? Me planteo que en mi oficina hay "trasgus", pero de los malos malísimos. ¿En Cáceres teneis algún nombre para identificar a los duendes traviesos?. Lo mismo me pasa cuando ando con prisa y necesito entregar un documento sin falta, me pongo a grapar y... ¡se agotaron las grapas!. Puedo un día estar muy tranquila en mi trabajo y grapar un sinfín de hojas sin ningún problema, pero llega el día del apuro y ¡quién narices me quita las grapas???!. ¿Quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza????!.
BOTES BY IKEA

 Como veis creo que nunca voy a encontrar una explicación a estos fenómenos, pero me consuela pensar que en realidad son más comunes que lo que yo pienso, de ahí su nombre: fenómenos para- normales. Si sabéis de alguien que tenga estos mismo síntomas, por favor no dudéis en decírmelo. La vida es muy corta para vivir con esta zozobra.

ROCIO

martes, 17 de septiembre de 2013

JUNTOS SÍ, PERO SIN REVOLVERNOS

   Ojeando una revista científica de esas tan serias que habitualmente leo y justo al lado de un reportaje sobre cómo limpiar las impurezas del cutis tras el verano, me encuentro un artículo que me llama la atención sobre la independencia y el amor. Me interesa y me quedo. Qué cosas, ahora resulta que le han puesto nombre a lo mío. Me informo de que formo parte de una nueva tendencia en el mundo de la pareja, cada vez más en el alza, que se denomina “LAT”. No sé si debo decir que soy una LAT o que formo parte de una LAT, pero el caso es que me siento identificada con ello, que pertenezco a ese club. LAT son las siglas de Living Apart Together, la forma anglosajona de decir nuestro más castizo “Juntos pero no revueltos”. Es decir, las LAT son parejas que deciden no compartir nada más allá de buenos ratos. No viven juntos, no comparten hipoteca, ni recibos, ni hijos, ni parientes... No tienen proyecto común de futuro ni quieren tenerlo. No quieren renunciar a su independencia aunque eso no significa que no se quieran. Quiere decir que no existen entre ellos más vínculos que los emocionales y la convivencia, concebida en su forma tradicional, no entra en sus planes. No se trata de algo transitorio. No queráis apuntaros a esta filosofía de vida tan molona si resulta que por motivos de trabajo tu chico está en Tineo y tú en Jaraíz de la Vera. Eso no vale. Tiene que ser una decisión elegida, no motivada por las circunstancias.

    El perfil de la mujer LAT está bien claro. Dicen lo sociólogos que andan estudiando el tema que “Se trata de una mujer madura, que ha tenido otras relaciones anteriores, normalmente con alguna carga familiar, que trabaja o que tiene independencia económica”. Aquí levanto la mano entusiasmada y digo “¡Servidora!”. Debo aclarar algo. No es que yo no crea en el matrimonio ni en el “Hasta que la muerte nos separe”, es que creo que no es para mí. Lo intenté y fracasé. Debe pasarme como a Joaquín Sabina que dice que él “no da bien de marido”. Pues eso, yo no doy bien de casada. No sé por qué y no me paro mucho a pensarlo, pero la vida que llevo ahora me gusta mucho más que la que he llevado antes. Antes tenía una visión mucho más tradicional de la pareja, sí, pero nunca dije que yo fuera coherente. Ahora pienso que lo mío es mío, lo tuyo es tuyo y cada uno con sus hijos, sus familias, sus asuntos y sobre todo sus manías. Veo a mi “simpatizante” dos o tres veces por semana, lo justo para llegar a echarle un poquitín de menos y así nunca me canso. Hacemos viajes, tenemos citas, cenamos en sitios estupendos, nos reímos, hablamos muchísimo (los que nos conocen están pensando “mucho, mucho”) y nos lo pasamos pipa. Discutimos poco (o nada) y si uno de los dos tiene el día malo y no está de humor, se va para su casa y no le amarga la tarde a nadie. Otra cosa a destacar de las parejas LAT es que, al no caer en la monotonía, las relaciones sexuales son mejores. De eso no voy a comentar nada, que este blog lo leen mis padres y les respeto mucho, pero sí diré que no compartir humores corporales, rutinas mañaneras y pedos ayuda a mantener el encanto. Y eso es algo muy recomendable siempre.


            Sé que algunos de mis amigos no entienden este tipo de relación  y también sé que muchos me envidian profundamente. Curiosamente, los segundos son las más veteranos, los que más años de convivencia llevan con sus parejas. Los que no lo entienden están recién casados o llevan poco tiempo conviviendo. Ya caerán del guindo, ya.

    Una cosa importante. Para que el proyecto LAT funcione tienen que ponerse las cartas encima de la mesa desde el principio y tiene que haber un entendimiento mutuo. Las dos partes tienen que estar completamente de acuerdo y caminar en la misma vía. Si yo quiero mantener mi independencia a toda costa y tú quieres formar una familia, tener hijitos y comprar un adosado con jardín en el extrarradio, esto va a petar. Cruje y chirría por todas partes. Uno de los dos sufrirá fijo. O ambos.

     Pues esa es la transgresora filosofía de los LAT y la mía propia. No se parece mucho a lo que Rocío expuso en su último post ¿verdad?. Con este discurso que me he marcado no pretendo pontificar. Yo soy LAT, me gusta y lo recomiendo, pero cada uno es muy libre de opinar lo que quiera. El debate está servido.

            Sandra, ¿tú qué dices?


ROSA

viernes, 13 de septiembre de 2013

AUTOANÁLISIS DEL AMOR, LAS RELACIONES DE PAREJA Y DEMÁS CIRCUNSTANCIAS

   Cualquiera que me conozca, aunque sea someramente, sabe que soy una ROMÁNTICA EMPEDERNIDA. Y creo que lo voy a seguir siendo aunque tenga cincuenta años más. De hecho, creo que seguiré mirando por la ventana las estrellas, con el andador y el respirador colgando de la bata de guatiné, suspirando por el príncipe azul que me rescate en busca del mejor geriátrico del país. 
   Lo curioso de todo es que a pesar de este gen del romanticismo tan arraigado que tengo en mi ADN, no soy una persona ñoña en el amor. Me defino más bien como romántica racional, porque sé donde están mis límites y que con ochenta años no deberé tener  la ventana abierta a partir de las nueve de la noche, por eso de la humedad y  de la rasca o biruji  que cae en las noches asturianas. 
   Una vez desveladas mis cartas me aventuro a hablaros del amor y de las relaciones de pareja. Pero no de las premisas básicas que todos sabemos sobre los celos, infidelidades, pasión, y demás circunstancias. Son cosas que me gustan, verdades  que yo siento como tales, cosas que no soporto que se digan sobre este tema, y cuestiones que creo que son totalmente falsas o al menos verdades a medias. Todo desde un punto de vista subjetivo, claro está.., así que no me creáis con la verdad absoluta..., aunque la tenga.., que la tendré.. (¡BASTA!).


  COSAS QUE NO SOPORTO:

    GRRRRR!!
  • Los programas de Jose Luis Moreno sobre las parejas. No soporto la visión de éste ventrílocuo sobre los matrimonios, parejas de novios o cualquier otra relación análoga. No me hace nada de gracia esta clase de humor. No recuerdo el nombre del programa, pero odiaba sobremanera a ese matrimonio de mayores que no sabían otra cosa que decirse palabras soeces y malsonantes, como si eso fuese lo habitual en un matrimonio que lleve tantos años de casados. Si ésto fuese así, rallaría con lo delictivo por ambas partes, y sería una relación avocada ya no al fracaso sino al infierno. No entiendo como la gente pudo reírse con este programa y me consta que tenía un alto porcentaje de audiencia. ¿Estamos locos?. Menos mal que siempre nos quedará un relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor, para evitar ver este tipo de televisión. 
  • Los hombres excesivamente amables, que utilizan palabras rimbombantes al hablar, que escriben cartas de amor con poemas a las mujeres que pretenden conquistar, que nos ceden la silla o el paso para sentarnos o que nos miran como si fuésemos una aparición de la Virgen de las Cuevas. Yo por ejemplo cedo el paso a todo el mundo, hombre, mujer, niño, perro..., creo que esta norma cívica es una cuestión de educación y no de sexo. 
  • No me gustan las mujeres que se casan con hombres por dinero, y viceversa. En realidad me tiene que dar sin cuidado este tipo de parejas, porque al fin y al cabo es un acuerdo de intereses entre dos personas y que a mi nada tienen que pedir ni rendir cuentas. ¿Sabrá el que tiene el dinero que la jamba/o que tiene a su lado está por interés y no por amor?,¿Por qué luego se cabrean si las/os ven con otros/as?,¿Qué estómago hay que tener para tener una relación con una persona que no te gusta?.  Y no me refiero al típico señor/a mayor con modelo de veinticinco años. Pienso también en Fernando Alonso, en Carles Puyol,etc, ¿Tendrían tanto éxito con mujeres tan bellas si no tuvieran ni un duro?, ¿Realmente Bárbara Rey estaba enamorada de Ángel Cristo? Por eso  no me gustan estas parejas, porque no son reales, qué le voy a hacer. Llamarme incrédula y echarme pan.  Ojo, que no quita que algún día si me va muy mal en la vida, y me llama Briatore  para darme un paseo con su yate, le diga que sí... pero sólo por el paseo ¿eh?.
  • Cuando ya hay una relación de convivencia, no soporto que el hombre tarde más en arreglarse que una mujer: si es así, me huele mal. Él seguro que olerá de lo lindo, pero no me fío de este tipo de hombres. Ahora que lo pienso, mi padre  tarda más que mi madre en arreglarse y que incluso sus dos hijas juntas. Pero ya es una cuestión de edad y que ya no se desenvuelve bien. Lo cierto es que luego nos deja el baño niquelao  y de ahí la tardanza. 
  • Que la convivencia deteriore la pareja: no me gusta la rutina, el" no saber qué hacer", no tener conversaciones y diálogos con tu pareja, el "dar todo por sentado". Lucharé encarecidamente contra ésto, idearé todas las semanas nuevas formas de diversión, cada día será una aventura nueva... se me ocurren una de cosas...

ME GUSTA:


  •  Los chistes de parejas. Ya sean de amor, de desamor, de ruptura, de la dejadez provocada por la convivencia. Siempre y cuando sean chistes cortos y no hayan sido escrito por Jose Luis Moreno.
  • Me gustan los matrimonios que llevan muchos años casados (y bien avenidos) . A algunos les parecerá esta circunstancia una pesadilla, a mi me hace pensar en la fuerza que tiene el amor. Como decía Rosa una vez, que le encantaba ver una pareja de avanzada edad agarrados de la mano. A mi personalmente me apetece pararles y felicitarles. 
  • Me gusta ir de cena con mi pareja, los dos solos. Y hablar mucho, y beber un poco, estar luego chisposos,  reírnos juntos. No puedo con esas parejas que están sentadas frente a frente y no se miran, ni se dirigen la palabra, pero lo más triste es que incluso llegan a cenar. Si estuviera en esa situación no me entraría ni un trozo de pan. 
  • Me gusta que cada parte de la pareja tengo su ámbito de privacidad. Pero siempre y cuando esta privacidad sea legal. No me gusta, y creo que a nadie,  que  la privacidad y libertad personal se convierta en libertinaje, mentiras y vidas ocultas. Que tontería estar con una persona si en realidad quieres otra vida, o buscar otras personas, o utilizar las redes sociales para ligar teniendo a tu mujer en casa. Hazlo si quieres, pero no involucres a nadie.
  • Me gusta en invierno la postura del 44 en la cama. No seáis mal pensados, pero en las noches de invierno me encanta acercarme a mi pareja y agarraditos poner esta postura para dormir. En verano es odiosa, porque los cuerpos humanos  dan mucho calor, y en esta época del año me gusta más bien la postura del 11, separaditos y to´ tiesos
CREO/ NO CREO EN...

  • Creo en la visión monogámica del matrimonio y del amor. Una vez leí una entrevista de una mujer periodista llamada Cristina Schlichting, que se infiltró en un harén durante muchos años, y posteriormente escribió un libro sobre su experiencia (hay que ver lo que hacer algunas por un premio pulitzer). Afirmó en su tesis que la poligamia era una pesadilla. Aquella situación era insostenible, nadie la aceptaba, ni las mujeres eran felices consigo mismas, ni con las demás, y ni siquiera el jeque árabe disfrutaba de tanta mujer. Conclusión, la periodista como una servidora creen que la poligamia es algo antinatural. 
  • Pienso que la convivencia no es un paso atrás. Puede salir bien o mal, pero sin duda será una prueba de amor, y los que la pasen será eternamente felices. No siempre "el vivir juntos" está avocado al fracaso, en algunas ocasiones supone incluso una ayuda en una relación que pasa por un mal momento. Lo que acaba con el amor  son otras circunstancias, y no la convivencia. El hecho de no dejar espacio a la otra persona es una condición para llevar al fracaso una relación.
  • Creo que las infidelidades se pueden perdonar. Hay que fijarse en el caso concreto, claro está. E incluso me aventuro a decir que se pueden olvidar, pero hay que poner de las dos partes mucho empeño y tesón, porque no deja de ser una situación difícil de controlar y superar. 
  • No creo en el amor a distancia. El contacto frecuente en una relación para mí es primordial. No digo que no se pueda dar el caso, sólo que personalmente me costaría mucho llevar una relación uno en Teruel y otro en Canarias. Sobre todo si soy yo la que vivo en Teruel, no por que no me guste la ciudad sino porque no tendría playa y él sí... y eso me dolería un montón. 
   Hasta aquí mi Memorándum sobre el amor. Me quedan muchas cosas en el tintero, porque yo del amor sé mucho. De mayor quiero ser consejera matrimonial, pero nada de dar consejos sobre cuestiones jurídicas o económicas, sino cuestión del corazón.¡ Hasta luego corazones! *(emulando a Anne Igartiburu).

ROCIO




jueves, 12 de septiembre de 2013

MANÍAS TENEMOS TODOS

No me gusta que me hablen mientras mastican chicle. Me parece de mala educación y poco higiénico. ¿Por qué está aceptado socialmente que se coma chicle mientras se habla y no tortilla de patatas, por ejemplo? Para mí es lo mismo. 

No me gusta la impuntualidad de la gente con excusas baratas. Mi tiempo vale tanto como el tuyo y a mí también me gustaría aprovechar el rato que tú me haces perder para hacer mis cosas. ¿Por qué aceptamos que en el médico hay que esperar y lo hacemos sin rechistar?

         No me gusta el ruido estridente de los tubos de escape en las motos de los niñatos. Me molesta tanto o más que los que hacen botellón en la calle. Si yo tuviera que legislar al respecto, ibais a ver qué multas.

     No me gusta que se diga que los hijos únicos son egoístas y malcriados. Un estigma con el que he vivido toda mi vida y contra el que he luchado a brazo partido. No siempre es cierto. Conozco hijos de familias numerosas caprichosos y consentidos  y otros que no tienen hermanos y son generosos y bien educados. Depende del criterio y del sentido común de los padres. Dicen los que me conocen que no parezco hija única, que parezco de piara. Me halaga.

         No me gusta que los hombres lleven camiseta de tirantes y sobaco al aire. Será manía mía, pero no me gusta. Encima los que las usan suelen llevar las axilas sin depilar, claro y... buff. Es posible que alguno de vosotros haya tenido un pasado chacho y os encante esa indumentaria, pero a mí me parece lo peor. No lo llevo, no lo llevo.  




    
No me gustan los tatuajes ni los piercings. Llamadme clásica, pero no van conmigo en absoluto e incluso me dan un poco de repelús. Mi amiga V. se ha hecho uno en el tobillo. Se trata de una brujita muy mona montada en su escoba y rodeada de estrellitas. Siempre que la miro me parece que ha pisado una baldosa floja y se ha salpicado de barro. Que me perdone pero cuando seamos unas venerables ancianas y compartamos habitación en una residencia de ancianos, me seguiré riendo de su ocurrencia. Lo de los piercings ya va pasando de moda. Menos mal. 


    No me gustan los tíos chuletas que tratan con poco respeto a los empleados públicos porque “pagan su sueldo”. Suelen llevar camisetas de tirantes, tatuajes y mastican chicle cuando hablan, pero esto es un topicazo que no debía haber mencionado.

    No me gusta que me hagan fotos. Y cada vez lo llevo peor. No me siento cómoda, no sé cómo posar y me parece que siempre salgo horrible. Si sonrío, mal. Si me pongo seria, peor. Quizás deba hacer terapia para superar esto. (*)

     Hasta aquí las manías confesables de hoy que me pongo en plan hostil y no me gusto. ¿El siguiente?


ROSA


            (*) Como la excepción confirma la regla, esta foto que nos hicieron a Roci y a mí este verano me encanta. Tiene un poco de fotochof, sí, pero nada importante. Alisamos un poquito los poros aquí, unificamos el tono allá, quitamos alguna arruguilla incipiente... Un pequeño lifting que no hace daño a nadie. 


miércoles, 11 de septiembre de 2013

TIRAMISUSES

   Hacía tiempo que no compartía con vosotros/as una receta, en esta ocasión, dulce. La primera vez que hice tiramisú fue en casa de Rosa. No sabía como se hacía y realmente me parecía de difícil elaboración. Pero ella me sacó de dudas y con cuatro ingredientes nos hizo una deliciosa tarta de tiramisú. He ido añadiendo ingredientes a la receta original, e incluso ya no  lo hago en un molde individual y único, sino en pequeñas copas para facilitar así su presentación. Os diré que hoy por hoy en mi casa es el postre que más gusta, y a veces incluso me obligan a hacerlo. El nombre de Tiramisuses  es como llama mi npm a éste postre, (cuando viene en varias copas) porque así entiende él que es el plural del Tiramisú. Yo que sé el éxito que tiene,  muchas veces la hago a cambio de una contraprestación. ¡Es la única forma que tengo que me hagan caso!.


Ingredientes:

  • 2 yemas de huevo mediano
  • 70g de azúcar
  • 250g de mascarpone
  • 200ml de nata para montar (35% materia grasa)
  • Caramelo líquido
  • trozos de chocolate y cacao en polvo. 
  • un vaso de café con azúcar
  • Bizcocho de base, galletas, magdalenas, sobaos, etc...

Elaboración: 

   En primer lugar se monta la nata. Previamente y en un bol a parte se montan las claras a punto de nieve. Una vez montado todo, se une tanto la nata como las claras con mucho cuidado, es decir, removiendo con una cuchara de madera y con delicadeza (abstenerse las nerviosas y brutonas). En otro bol remuevo las yemas del huevo con el mascarpone y el resultado lo añado  lentamente a la mezcla anterior. En cuanto al azúcar lo voy añadiendo tanto a la nata, como a las claras, como a la mezcla de mascarpone y yema, pero eso a vuestro gusto. Una vez que tenemos hecha la crema de mascarpone pasamos a la ejecución en la copa.
   En una copa individual ponemos una base de galletas. No me suele gustar el bizcocho , así que me decanto por la base de galletas. Para mi las mejores para este tipo de postre son las Cuétara rectangulares y con ondas a lo largo de la galleta. Las galletas previamente las habremos mojado en el café con cuidado evitando que no se  ablanden mucho. Luego añadimos un poco de caramelo líquido, luego la crema de mascarpone y luego un poquito de cacao en polvo. Y así sucesivamente hasta llegar a la última capa que será con la crema de mascarpone. Yo suelo introducir unos conguitos entre capa y capa para dar alguna sorpresa al comensal. En la última capa( y ya para adornar) suelo poner  en vez de cacao en polvo, virutas de chocolate. 
   Como consejo os diré que esta tarta está mucho más rica de un día para otro e incluso dos días después de hacerla. Gana en  consistencia y sabor. Os aseguro que caerán rendidos a vuestros pies, aunque creo que a día de hoy todo el mundo ha hecho en alguna ocasión  una tarta de tiramisú... y si no ¿a qué estáis esperando?. 


ROCIO